Por el camino, Merenwen le explicó a Dani que a veces se transformaba en zombi, siendo este un rasgo muy habitual en su reino, en el que todos eran zombis. Dani decidió no darle muchas vueltas al tema y creerle. Aunque aún no comprendía por qué continuaba teniendo aspecto de chica. ¡Quería volver a tener su cuerpo cuanto antes! Las tetas que ahora tenía le molestaban muchísimo de lo grandes que eran. No comprendía como las chicas podían aguantar todo eso.
Regresaron enseguida a sus reinos. Dani se negó rotundamente en acompañar a Merenwen a su reino lleno de zombis, por lo que llegó la trise despedida. La princesa Merenwen confiaba en su amiga, así que le regaló un bonito lazo púrpura a juego con el resto de su ropa y le recogió el pelo con él. Dani se veía más adorable y cómoda con el lacito, aunque a ella no le hacía mucha gracia. Habría aceptado mejor un sujetador que un simple lazo, pero bueno.
Los caminos de las chicas se separaron, y Dani volvió a su reino, donde comprobó que todos estaban curados, por lo que todo había vuelto a la normalidad. Pero Dani quería poder recuperar su cuerpo, así que decidió visitar al sabio rey Battosai, a ver si le podía ayudar. El rey Battosai le estaba enormemente agradecido, pero no conseguía encontrarle solución al problema de Dani. Ni el rey ni nadie del reino parecía tener la solución.
Durante esa misma noche, a Dani se le apareció la diosa Kisekish, con un vestido realmente provocador, pero qué tenía que llevar porque era una diosa. Ella le dijo que fuera al país de los angelitos, al cual se llegaba cruzando el arcoíris mágico de la montaña de los unicornios, pasando el valle de las hadas. La ninja Dani se puso en marcha inmediatamente.
Dani cruzó el valle de las hadas, dónde las hadas, celosas del pecho de nuestra protagonista, le atacaron brutalmente lanzándole piedras y rocas. Tras derrotar a las hadas (y de cargarse accidentalmente a unas cuantas), se dirigió a la montaña de los unicornio. Lo que no se esperaba era que esos bichos estuvieran de celo y que un millón de machos se la abalanzarían encima. Bueno, al final logró incluso cruzar el arcoíris, en dónde solucionó su duda y descubrió que el sexto color era el añil.
Nuestra fuerte e incomprendida heroína consiguió llegar sin más contratiempos al país de los angelitos, que se encontraba por encima de las nubes. Había un montón de ángeles revoloteando por aquí y por allá. ¿Qué tendría que hacer ahora? Se preguntaba Dani, recordando que la diosa Kisekish no le había dado más instrucciones. Pero de pronto la vio, ¡vio a la paloma que le había defecado encima! La paloma se dio cuenta de que le había visto y se echó a volar huyendo hacia una dirección. Dani le siguió muy enfadada hasta la casa en la que entró.
Dani colocó su oreja contra la puerta y espió la conversación que se estaba realizando en el interior. La paloma era macho y se llamaba MR.TYK, y no era más que la mascota de un joven y tranquilo ángel normal y corriente. Dani comprendió a través de la conversación que toda su transformación había sucedido por culpa de este ángel llamado Pearl. Dani entró de golpe en la casa y le preguntó porqué había hecho eso. Pearl se asustó mucho y salió volando hasta el techo, aunque Dani le retuvo clavándole la ropa contra la pared por medio de shurikens. Pearl no parecía ser malvado, parecía muy serio y estudioso, además se le veía muy asustado.
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